Entre los diversos procedimientos situacionistas, la deriva se presenta como una técnica depaso ininterrumpido a través de ambientes diversos. El concepto de deriva está ligadoindisolublemente al reconocimiento de efectos de naturaleza psicogeográfica, y a laafirmación de un comportamiento lúdico-constructivo, lo que la opone en todos los aspectosa las nociones clásicas de viaje y de paseo.Una o varias personas que se abandonan a la deriva renuncian durante un tiempo más omenos largo a los motivos para desplazarse o actuar normales en las relaciones, trabajos yentretenimientos que les son propios, para dejarse llevar por las solicitaciones del terreno ylos encuentros que a él corresponden. La parte aleatoria es menos determinante de lo quese cree: desde el punto de vista de la deriva, existe un relieve psicogeográfico de lasciudades, con corrientes constantes, puntos fijos y remolinos que hacen difícil el acceso o lasalida a ciertas zonas.Pero la deriva, en su carácter unitario, comprende ese dejarse llevar y su contradicciónnecesaria: el dominio de las variables psicogeográficas por el conocimiento y el cálculo desus posibilidades. Bajo este último aspecto, los datos puestos en evidencia por la ecología,aun siendo a priori muy limitado el espacio social que esta ciencia se propone estudiar, nodejan de ser útiles para apoyar el pensamiento psicogeográfico.El análisis ecológico del carácter absoluto o relativo de los cortes del tejido urbano, delpapel de los microclimas, de las unidades elementales completamente distintas de losbarrios administrativos, y sobre todo de la acción dominante de los centros de atracción,debe utilizarse y completarse con el método psicogeográfico. El terreno pasional objetivo enel que se mueve la deriva debe definirse al mismo tiempo de acuerdo con su propiodeterminismo y con sus relaciones con la morfología social.Chombart de Lauwe, en su estudio sobre Paris et l'agglomération parisienne (Biblioteca deSociología Contemporánea, P.U.F. 1952) señala que "un barrio urbano no está determinadosolamente por los factores geográficos y económicos sino por la representación que sushabitantes y los de otros barrios tienen de él"; y presenta en la misma obra -para mostrar"la estrechez del París real en el que vive cada individuo... un cuadrado geográficosumamente pequeño"-, el trazado de todos los recorridos efectuados en un año por unaestudiante del distrito XVI, que perfila un triángulo reducido, sin escapes, en cuyos ángulosestán la Escuela de Ciencias Políticas, el domicilio de la joven y el de su profesor de piano.No hay duda de que tales esquemas, ejemplos de una poesía moderna capaz de traerconsigo vivas reacciones afectivas -en este caso la indignación de que se pueda vivir de estaforma- e incluso la teoría, avanzada por Burgess a propósito de Chicago, del reparto de lasactividades sociales en zonas concéntricas definidas, tienen que servir al progreso de laderiva.El azar juega en la deriva un papel tanto más importante cuanto menos asentada estétodavía la observación psicogeográfica. Pero la acción del azar es naturalmenteconservadora y tiende, en un nuevo marco, a reducir todo a la alternancia de un númerolimitado de variantes y al hábito. Al no ser el progreso más que la ruptura de alguno de losmarcos en los que actúa el azar mediante la creación de nuevas condiciones más favorablesa nuestros designios, se puede decir que los azares de la deriva son esencialmentediferentes de los del paseo, pero que se corre el riesgo de que los primeros atractivospsicogeográficos que se descubren fijen al sujeto o al grupo que deriva alrededor de nuevosejes habituales, a los que todo les hace volver constantemente.Una desconfianza insuficiente con respecto al azar y a su empleo ideológico, siemprereaccionario, condenó a un triste fracaso al famoso deambular sin meta intentado en 1923por cuatro surrealistas partiendo de una ciudad escogida al azar: el vagar en campo raso esdeprimente, evidentemente, y las interrupciones del azar son más pobres que nunca. Perocierto Pierre Vendryes lleva la irreflexión mucho más lejos en Medium (mayo 1954)creyendo poder añadir a esta anécdota -ya que todo ello participaría de una mismaliberación antideterminista- algunas experiencias probabilísticas sobre la distribuciónaleatoria de renacuajos en un cristalizador circular por ejemplo, cuya clave da al precisar:"semejante multitud no debe sufrir ninguna influencia directiva exterior". En estascondiciones se llevan la palma los renacuajos, que tienen la ventaja de estar "tandesprovistos como es posible de inteligencia, de sociabilidad y de sexualidad", y porconsiguiente "son verdaderamente independientes los unos de los otros".En las antípodas de estas aberraciones, el carácter principalmente urbano de la deriva, encontacto con los centros de posibilidad y de significación que son las grandes ciudadestransformadas por la industria, responde más bien a la frase de Marx : "Los hombres nopueden ver a su alrededor más que su rostro; todo les habla de sí mismos. Hasta su paisajeestá animado".Se puede derivar sólo, pero todo indica que el reparto numérico más fructífero consiste envarios grupos pequeños de dos o tres personas que han llegado a un mismo estado deconciencia; el análisis conjunto de las impresiones de estos grupos distintos permitiría llegara unas conclusiones objetivas. Es preferible que la composición de los grupos cambie de unaderiva a otra. Con más de cuatro o cinco participantes el carácter propio de la derivadecrece rápidamente, y en todo caso es imposible superar la decena sin que la deriva sefragmente en varias derivas simultáneas. Digamos de paso que la práctica de esta últimamodalidad es de gran interés, pero las dificultades que entraña no han permitido organizarlacon la amplitud deseable hasta el momento.La duración media de una deriva es la jornada considerada como el intervalo de tiempocomprendido entre dos períodos de sueño. Son indiferentes el punto de partida y llegada enel tiempo con respecto a la jornada solar, pero debe señalarse sin embargo que las últimashoras de la noche no son generalmente adecuadas para la deriva.Esta duración media de la deriva sólo tiene un valor estadístico, sobre todo porqueraramente se presenta en toda su pureza, al no poder evitar los interesados, al principio o alfinal de jornada, distraer una o dos horas para dedicarlas a ocupaciones banales; al final deldía la fatiga contribuye mucho a este abandono. Además la deriva se desarrolla a menudoen ciertas horas fijadas deliberadamente, o incluso fortuitamente durante breves instantes opor el contrario durante varios días sin interrupción. A pesar de las paradas impuestas por lanecesidad de dormir, algunas derivas bastante intensas se han prolongado tres o cuatrodías, e incluso más. Es cierto que, en el caso de una sucesión de derivas durante un períodosuficientemente largo, es casi imposible determinar con precisión el momento en que elestado mental propio de una deriva determinada deja lugar a otra. Se ha proseguido unasucesión de derivas sin interrupción destacable durante cerca de dos meses, lo que suponearrastrar nuevas condiciones objetivas de comportamiento que entrañan la desaparición demuchas de las antiguas.La influencia de las variaciones del clima sobre la deriva, aunque real, no es determinantemás que en caso de lluvias prolongadas que la impiden casi absolutamente. Pero lastempestades y demás precipitaciones son más bien propicias.El campo espacial de la deriva será más o menos vago o preciso según busque el estudio deun terreno o resultados emocionales desconcertantes. No hay que descuidar que estos dosaspectos de la deriva presentan múltiples interferencias, y que es imposible aislar uno deellos en estado puro. Finalmente el uso de taxis, por ejemplo, puede aportar una piedra detoque bastante precisa; si en el curso de una deriva cogemos un taxi, sea con un destinopreciso o para desplazarnos veinte minutos hacia el oeste, es que optamos sobre todo por ladesorientación personal. Si nos dedicamos a la exploración directa del terreno es quepreferimos la búsqueda de un urbanismo psicogeográfico.En todo caso el campo espacial está en función, en primer lugar, de las bases de partidaconstituidas para los individuos aislados por su domicilio y por lugares de reunión escogidospara los grupos. La extensión máxima del campo espacial no supera el conjunto de unagran ciudad y sus afueras. Su extensión mínima puede reducirse a una pequeña unidad deambiente: sólo un barrio, o incluso una manzana si merece la pena (en el límite extremoestá la deriva estática de una jornada sin salir de la estación Saint Lazare).La exploración de un campo espacial fijado supone por tanto el establecimiento de las basesy el cálculo de las direcciones de penetración. Aquí interviene el estudio de mapas, tantocorrientes como ecológicos o psicogeográficos, y la rectificación o mejora de los mismos.¿Hay que señalar que la inclinación por un barrio desconocido en sí mismo, jamás recorrido,no interviene en absoluto? Aparte de su insignificancia, este aspecto del problema escompletamente subjetivo, y no subsiste mucho tiempo.En la "cita posible" la parte de exploración es por el contrario mínima comparada con la delcomportamiento desorientador. El sujeto es invitado a dirigirse sólo a una hora concertada aun lugar que se le fija. Se halla libre de las pesadas obligaciones de la cita ordinaria, ya queno tiene que esperar a nadie. Sin embargo, al haberle llevado esta "cita posible"inesperadamente a un lugar que puede no conocer, observa los alrededores. Puede darse almismo tiempo otra "cita posible" en el mismo lugar a alguien cuya identidad no puedaprever. Puede incluso no haberlo visto nunca, lo que le incita a entrar en conversación conalgunos transeúntes. Puede no encontrar a nadie, o encontrar por azar al que ha fijado la"cita posible". De todas formas, sobre todo si el lugar y la hora han sido bien escogidos, elempleo del tiempo del sujeto tomará un giro imprevisto. Puede incluso pedir por teléfonootra "cita posible" a alguien que ignora dónde le ha conducido la primera. Se perciben losrecursos casi infinitos de este pasatiempo.Así, el modo de vida poco coherente e incluso ciertas bromas consideradas equívocas, quehan sido siempre censuradas en nuestro entorno, como por ejemplo introducirse de nocheen los pisos de las casas en demolición, recorrer sin parar París en auto-stop durante unahuelga de transportes para agravar la confusión haciéndose conducir adonde sea, o errar enlos subterráneos de las catacumbas prohibidos al público, revelarían un sentimiento másgeneral que no sería otro que el de la deriva. Lo que se pueda escribir sólo sirve comocontraseña en este gran juego.Las enseñanzas de la deriva permiten establecer los primeros cuadros de las articulacionespsicogeográficas de una ciudad moderna. Más allá del reconocimiento de unidades deambiente, de sus componentes principales y de su localización espacial, se perciben sus ejesprincipales de paso, sus salidas y sus defensas. Se llega así a la hipótesis central de laexistencia de placas giratorias psicogeográficas. Se miden las distancias que separanefectivamente dos lugares de una ciudad que no guardan relación con lo que una visiónaproximativa de un plano podría hacer creer. Se puede componer, con ayuda de mapasviejos, de fotografías aéreas y de derivas experimentales, una cartografía influencial quefaltaba hasta el momento, y cuya incertidumbre actual, inevitable antes de que se hayacumplido un inmenso trabajo, no es mayor que la de los primeros portulanos, con ladiferencia de que no se trata de delimitar precisamente continentes duraderos, sino detransformar la arquitectura y el urbanismo.Las diferentes unidades de atmósfera y vivienda no están, hoy en día, exactamentedemarcadas, sino rodeadas de márgenes fronterizos más o menos extensos. El cambio másgeneral que propone la deriva es la disminución constante de esos márgenes fronterizos,hasta su supresión completa.En la arquitectura, la inclinación a la deriva lleva a preconizar todo tipo de nuevos laberintosque las posibilidades modernas de construcción favorecen. La prensa señalaba en marzo de1955 la construcción en New York de un edificio donde se pueden percibir los primerossignos de posibilidad de la deriva en el interior de un apartamento:"Los habitáculos de la casa helicoidal tendrán la forma de una rebanada de pastel. Podránaumentarse o reducirse a voluntad desplazando tabiques móviles. La disposición de lospisos en niveles evitará la limitación del número de habitaciones, pudiendo el inquilino pedirque le dejen utilizar el nivel superior o el inferior. Este sistema permitirá transformar en seishoras tres apartamentos de cuatro habitaciones en uno de doce o más."
[Texto aparecido en el # 2 de Internationale Situationniste. (1958)Traducción extraída de Internacional situacionista, vol. I: La realización del arte, Madrid, LiteraturaGris, 1999.]
[Compartido por Nagore Prada]
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